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The 9th International Anti-Corruption Conference

The Papers


Periodismo y corrupción : nuevas herramientas para viejos problemas


Pedro Enrique Armendares
Centro de Periodistas de Investigación, A.C.


Introducción

El Centro de Periodistas de Investigación (PI) es una red de periodistas dedicados a la investigación, basada en el ideal de la cooperación entre pares para beneficio del interés público y comprometida con el mejoramiento de la profesión en México y América Latina.

Nuestros objetivos incluyen propiciar el intercambio de conocimientos e información entre nuestros miembros; promover el avance del periodismo de investigación mediante seminarios, conferencias y publicaciones, y participar activamente en los esfuerzos por mejorar y consolidar las leyes y mecanismos de acceso a la información y libertad de expresión.

El periodista de investigación es, entendemos junto con nuestro amigo colombiano Gerardo Reyes, como un experto armador de rompecabezas cuyas piezas están dispersas y a menudo alguien trata de mantener ocultas. Su misión es poner las cosas juntas con el fin de mostrar cómo funcionan y cómo se comportan las personas en una sociedad en crisis.

Y con John Virtue, editor de Pulso y experto en Latinoamérica, pensamos que si como sabemos el papel fiscalizador de la prensa en una democracia requiere de periodismo investigativo, esa necesidad es mayor en esta región que en Estados Unidos y otros países, porque en éstos existen mecanismos de fiscalización efectivos, tanto del legislativo como no gubernamentales, cuya misión es detectar y evitar la corrupción.

Iniciamos nuestras actividades en 1996, como un proyecto impulsado por un grupo de periodistas, especialmente mujeres, afiliadas a la organización estadounidense Investigative Reporters and Editors (IRE).

Y el momento para lanzar el nuevo proyecto no podía ser más oportuno. En la última década México ha experimentado grandes cambios y el país pasa por una incierta transición política no exenta de sobresaltos.

La transformación económica ha sido acompañada por constantes disputas electorales, el ascenso de la oposición de izquierda y derecha que amenaza el dominio del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), asesinatos políticos y hasta el surgimiento de movimientos guerrilleros campesinos en el sur del país.

Este proceso es seguido de cerca por una sociedad cada vez más consciente y participativa y, sobre todo, cada vez más dispuesta a llamar a cuentas a su clase política.

En este contexto, la situación de los medios también es muy diferente en un país en el que la calidad periodística ha enfrentado una batalla desigual contra los demonios gemelos de la cooptación y de la censura. El mismo gobernante que sabía ser sumamente generoso con los subsidios abiertos o encubiertos podía convertirse en un enemigo mortal cuando algún medio publicaba reportajes "incómodos".

Ahora, si bien el gobierno sigue ejerciendo una influencia inapropiada sobre los diarios, muchos de ellos dependen cada vez más de la preferencia de los lectores y de los anunciantes y menos de los subsidios oficiales. La censura oficial, mientras tanto, ha disminuido a un nivel que asombra a los más escépticos.

Todo ello es propicio para el periodismo de investigación el cual, si bien no es nuevo en México, tampoco se ha desarrollado al nivel que requiere la opinión pública.

Cuando iniciamos nuestras actividades en México la respuesta fue muy positiva y nos llevamos como una sorpresa: a pesar del marcado centralismo que padece el país, o quizás por ello mismo, nuestro proyecto despertó un mayor interés en otras ciudades distintas a la capital. Más aún, pronto empezamos a recibir preguntas y solicitudes de talleres y seminarios en otros países de América Latina, y pronto PI se convirtió en un proyecto continental con actividades en Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Panamá, Puerto Rico, Guatemala y Nicaragua.

Y, por supuesto, pudimos constatar que a medida que los países latinoamericana dejan atrás el pasado autoritario y represivo, esperemos que para siempre, la investigación periodística pasa por un buen momento en muchos de esos países.

Interés y escepticismo

Nuestra llegada a las redacciones latinoamericanas por lo general provocaba una curiosa mezcla de interés y escepticismo. Muchos reconocían la importancia del periodismo de investigación, y algunos conocían a colegas que lo practicaban ya con resultados notables, pero la mayor parte de los editores e incluso muchos reporteros lo seguía considerando un lujo que tan solo algunos privilegiados pueden practicar.

Más aún, cuando mostrábamos algunos ejemplos de periodismo investigativo hechos en Estados Unidos e incluso algunos países latinoamericanos, muchos colegas reaccionaban con admiración y pesimismo.

En cuanto a los reportajes realizados con la ayuda de herramientas modernas como internet, hojas de cálculo y bases de datos, detectábamos una especie de envidia de la computadora: los reporteros los consideraban excelentes, pero esgrimían todo tipo de argumentos para explicar por qué este tipo de periodismo no se puede practicar en América Latina.

Algunos decían que en nuestros países no existe información en formato electrónico o que las estadísticas oficiales no son confiables, mientras que otros insistían en que pocos reporteros de la región tienen acceso a computadoras modernas y acceso a internet.

Lo que es un hecho es que los obstáculos que tradicionalmente enfrenta el periodismo de investigación parecen aún mayores en los países latinoamericanos: presiones de tiempo, carencia de recursos, o de conocimientos para usarlos, censura y autocensura los intereses creados, o "cuídame a ese anunciante", falta de credibilidad.

Otro problema considerable es el acceso a la información. Dada la cultura política tradicional que persiste en América Latina los políticos y burócratas tienden a considerar la información pública como un recurso personal y asumen el derecho de compartirla o no con la prensa y con la sociedad en general.

Este problema es particularmente serio en países como México, donde la ley de acceso a la información es ambigua y casi inútil, y en países con un pasado autoritario reciente en los que las restricciones ilegítimas a la investigación periodística aún se disfrazan como "consideraciones seguridad nacional".

Situación legal

De acuerdo a información compilada por Jairo Lanao, de la Sociedad Interamericana de Prensa1, existen grandes restricciones y amenazas a la libertad de prensa en el hemisferio occidental, utilizadas por las tres ramas del poder público.

Según este documento: Todos los países del continente americano, salvo Jamaica, establecen como delitos contra el honor, la calumnia, la injuria y la difamación. El periodista o, en algunos casos, el director del medio, puede ser condenado a cárcel por una publicación inexacta o por atacar el honor o reputación de una persona.

Los Congresos han producido innumerables iniciativas para legislar sobre la privacidad y confidencialidad de los ciudadanos particulares. Pero el problema se plantea cuando los legisladores intentan hacer prevalecer el derecho de los individuos de proteger sus asuntos privados sobre el derecho de los particulares de estar informados sobre asuntos de interés público, caso muy particular de los funcionarios o ex-funcionarios públicos.

Los nuevos códigos penales y de procedimiento penal de El Salvador, Paraguay, Panamá y proyectos de ley de otros países, intentan penalizar la divulgación de informaciones que versen sobre la vida privada o familiar sin hacer distinción expresa para aquellas personas que se hallan en la mira de la sociedad por su trabajo en el sector público o por ser un individuo de interés público. Huelga decir que esta falta de claridad presenta un gran obstáculo para el periodismo investigativo.

Los congresos han creado leyes que pretenden imponer reglas de conducta, así como penas, multas y hasta cierre de periódicos si se transgreden esas normas, a la prensa en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Panamá, Haití, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Chile y Uruguay.

Otro problema es la intolerancia de los poderes públicos ante la crítica del periodismo y el uso continuo de las llamadas leyes de insulto, que permiten procesar a los periodistas y en algunos casos los directores. Estas leyes existen en todos los países estudiados a excepción de Estados Unidos, Colombia, Argentina, y Paraguay.

En cuanto al acceso a la información pública, tan solo Colombia y Costa Rica ofrecen garantías legales suficientes, lo que afecta gravemente al periodismo.

También los jueces representan un problema muy serio para la prensa libre al concentrar poderes discrecionales en los asuntos relacionados con difamación o publicaciones inexactas, y por el poder discrecional que tienen para prohibir la divulgación de información sobre procesos en curso. En toda América Latina, existe la reserva o la confidencialidad de los procesos penales que hace inaccesible esa información a la prensa, lo que obstaculiza el proceso de fiscalización de la justicia por los medios.

Asimismo, todos conocemos los recientes casos de censura judicial a la prensa en Chile, donde un juez secuestró El libro negro de la justicia chilena, de Alejandra Matus, y en Argentina, donde un juez de la Suprema Corte falló que el periodismo de investigación es diferente del periodismo "cotidiano" y tiene un mayor grado de responsabilidad al momento de evaluar demandas por daños y perjuicios causados por errores informativos2.

Las presiones también pueden tomar otras formas. Como señala John Virtue, los métodos de mano dura de los dictadores han sido reemplazados por formas más sutiles de coerción tales como auditorías abusivas, negación de permisos de importación, amenazas de no renovar concesiones o licencias de transmisión y propaganda oficial para premiar o castigar a los medios3.

Todo ello se añade a otro problema muy extendido en América Latina: con frecuencia la ignorancia o la irresponsabilidad de los periodistas en ocasiones los hace más vulnerables a las reacciones legales.

Por ejemplo, el hecho de que el acceso a la información no esté reglamentado de manera clara y efectiva hace que los reporteros recurran a todo tipo de estratagemas ingeniosas -pero no siempre totalmente éticas o legales- para obtener esa información. Eso ha provocado el auge de un fenómeno pernicioso, el del uso y abuso de las filtraciones, que a su vez incrementa la falta de credibilidad de la prensa4.

Lo que se puede hacer

En estos tres años, sin embargo, hemos confirmado que la investigación periodística seria, rigurosa y significativa no solo es posible en América Latina, sino que su uso puede contribuir a erosionar el monopolio oficial de la información.

Para empezar, las leyes no tienden a favorecer al periodismo de investigación latinoamericano, pero tampoco cabe descartarlas del todo. Como señala Gerardo Reyes, "la experiencia me alienta a sugerir que vale la pena hacer el intento de obtener la información por vías legales. Después de mucho insistir y batallar, los funcionarios ceden un poco y algunos aprenden la lección de que el sigilo trae más problemas que la apertura". Para dar esta batalla, es importante conocer las leyes de acceso a la información en cada país, y estar dispuesto a utilizarlas hasta el límite.

Pero además, dos fenómenos paralelos vienen a la ayuda del periodismo de investigación latinoamericano: la globalización, y el desarrollo de las nuevas tecnologías de comunicación e información.

La globalización puede explicarse en parte como la desaparición o retroceso de las fronteras de todo tipo, lo que permite a los periodistas encontrar fuentes muy diversas para buscar información anteriormente reservada o incluso oculta.

Internet es particularmente útil para burlar los obstáculos al acceso a la información ya que permite identificar y hacer contacto con fuentes internacionales -académicas, periodísticas, no gubernamentales y aún sitios de otros gobiernos- que ofrecen información relevante para los países latinoamericanos y que frecuentemente se trata de ocultar en los de ellos (el editor hondureño)5.

Los acuerdos comerciales y judiciales, por ejemplo, hacen que se compile información y se ponga a disposición del público información que representa una verdadera mina de oro. Ello ha ocurrido, por ejemplo, con las organizaciones trilaterales surgidas del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA) tales como la Comisión para la Cooperación Ambiental.

De hecho, no era necesario esperar al auge de internet para poder reportear en otros países casos de interés nacional. El Departamento de Justicia de Estados Unidos, por ejemplo, ofrece a cualquier usuario toda la información de los contratos firmados por compañías cabilderas de ese país con los llamados "agentes extranjeros", incluyendo los gobiernos latinoamericanos. Esta información fue sumamente útil, por ejemplo, para investigar los esfuerzos de relaciones públicas que el gobierno mexicano realizó en Washington durante las negociaciones del NAFTA.

Pero ahora, por supuesto, es posible obtener mucha de esa información a distancia, para después evaluarla y analizarla en la computadora. Eso es lo que hemos dado en llamar reporteo asistido por computadora, o PAC (internet, bases de datos, hojas de cálculo y otras herramientas), el cual es un elemento clave de la investigación periodística moderna.

En un contexto como el latinoamericano en el cual aún prevalece la cultura de las declaraciones, entrevistas y comunicados de prensa, los reporteros pueden utilizar la información documental para investigar casos de posible corrupción, desde el uso de recursos públicos hasta el enriquecimiento en el poder. Es decir, los periodistas pueden entrevistar a los datos duros, en lugar de a los funcionarios, para obtener reportajes mucho más profundos y contundentes.

Más aún, ese trabajo puede utilizarse para obtener respuestas más directas de los funcionarios, quienes una vez publicados los reportajes pueden verse obligados a responder liberando la misma información que antes limitaban. No es un proceso automático ni demasiado frecuente, pero ocurre6.

Al mismo tiempo, los reporteros latinoamericanos están constatando que gran parte de la información oficial que sí está disponible -incluyendo censos, estadísticas de salud y datos electorales- no sólo es confiable sino que representa un tesoro periodístico que hasta la fecha no ha sido suficientemente explotado.

También es curioso comprobar cómo muchas dependencias gubernamentales, en su afán por aparecer modernas, mantienen sitios muy completos en internet en los que puede obtenerse con rapidez la información que un reportero tardaría días o semanas conseguir en las oficinas de prensa tradicionales debido a la mala organización o al retraso burocrático intencional.

El sector privado

Otra veta de creciente importancia, a medida que avanzan la apertura económica y las privatizaciones, es la información que se puede obtener en el sector privado. Aquí, por cierto, es más común que los administradores de la información estén más dispuestos a compartir sus archivos y, además, que éstos estén disponibles en formato electrónico y listos para ser analizados.

Joel Simon, reportero estadounidense con gran experiencia en América Latina, considera que las pistas que deja el dinero son la manera más eficiente para llegar a los aspectos oscuros de la realidad latinoamericana7. El auge de periodismo de investigación en América Latina, afirma, se debe en parte a que los gobiernos son menos represivos pero también a que los reporteros aprovechan la explosión informativa propiciada por la mayor disponibilidad de estadísticas económicas oficiales e información comercial y bursátil.

Como dijo Andrés Oppenheimer a Simon, junto con la apertura económica de la región hay más grupos que compiten por el poder, por lo que existe más fragmentación. "No la suficiente para crear una plena apertura democrática", observa el columnista del Miami Herald, "pero sí hay más actores y por lo tanto mas fuentes, incluyendo a los perdedores dispuestos a hablar".

Son conocidos los ejemplos de Collor de Melo (investigación iniciada en 1991 por Rosental Alves del Jornal y otros) y Carlos Andrés Pérez (impulsada por José Vicente Rangel, de El Universal, quien usó fuentes confidenciales y documentos bancarios). Más recientemente se dieron los casos del ecuatoriano Abdalá Bucaram (malversación de fondos de caridad), y hay otros también importantes en los que efecto no fue tan espectacular -la renuncia de un mandatario- como las investigaciones sobre los manejos financieros de Raúl Salinas de Gortari y el ahora expresidente Ernesto Pérez Valladares, cuyos posibles vínculos con el cartel de Cali fueron investigados por Gustavo Gorriti, de La Prensa de Panamá. En todos estos casos, la investigación se apoyó en gran medida en el análisis de documentos bancarios y financieros.

Una vez más, existe un gran potencial pero es necesario que los reporteros y editores latinoamericanos trasciendan el escándalo inmediato y adquieran los conocimientos para analizar y evaluar la información económica y financiera.

Algunos resultados

Nuestros talleres son bastante interactivos y muchos colegas empiezan de inmediato a aplicar las técnicas que aprenden. En ocasiones estos conocimientos simplemente les permiten aumentar la eficacia y el alcance de la metodología que ya utilizaban, como compilar de manera sistemática la información sobre las propiedades de los funcionarios públicos8.

Un recurso de gran utilidad para la investigación periodística en América Latina es la creación de bases de datos computarizadas a partir de documentos impresos. Es curioso constatar cómo algunos funcionarios que jamás permitirían que los reporteros se asomaran al contenido de sus discos duros no tienen empacho en distribuir papeles que, si se analizan de manera sistemática, pueden proporcionar información muy reveladora.

Por ejemplo, tanto en México (diario Público de Guadalajara) como en Venezuela (Carlos Subero, de El Universal de Caracas) han aparecido reportajes sobre el perfil y las historias humanas de las personas sentenciadas por delitos de narcotráfico, los cuales crean un retrato bastante dramático de la justicia en ambos países9.

Los reporteros latinoamericanos también están sacando provecho de aquellos campos en los que está mejorando el acceso a la información, incluyendo la información oficial en formato digital. José Roberto Toledo, del diario Folha de Sao Paulo, ha utilizado información estadística producida por dependencias del gobierno para hacer retratos, con frecuencia estremecedores, de su sociedad.

El año pasado usó datos del Ministerio de Salud para informar a los lectores de Sao Paulo que en esa ciudad el homicidio es la causa de muerte entre niños de 10 a 14 años de edad, y que en un gran número de casos los asesinos son los padres.

Otro terreno fértil es el de la cobertura electoral. En muchos países latinoamericanos existen abundantes datos electorales, compilados tanto por el gobierno como por organismos privados, y que con frecuencia pueden obtenerse en internet10.

En este campo hay otra veta potencial que no hemos explotado plenamente, quizás porque las leyes al respecto son nuevas en muchos países: el financiamiento de las campañas políticas y la relación entre los intereses privados y el comportamiento de los funcionarios electos. La información no es tan abundante como en otras regiones, pero está mejorando y la que existe en algunos países se presta ya para seguimientos periodísticos avanzados.

Algunos problemas y riesgos

Un problema real es que si bien hay carencias técnicas en muchas redacciones, cuando los medios hacen esfuerzos por dotar de equipo moderno a los reporteros es frecuente que éstos se resistan a capacitarse para utilizarlos, bien por temor a la tecnología o bien porque consideran que su tiempo es demasiado "valioso" para perderlo aprendiendo a usar las computadoras.

Hemos visto en demasiadas redacciones computadoras modernas reducidas a máquinas de escribir electrónicas, y con frecuencia los reporteros ni siquiera sospecha los recursos que se esconden en un directorio de Office que quizás nunca ha abierto. Consideran que es más fácil acudir al centro de información de su medio, cuando existe, o al boletín oficial.

Por su parte muchas empresas periodísticas tampoco parecen demasiado interesadas en invertir en la capacitación de sus reporteros para promover el uso del PAC. Su leitmotif es la recurrente crisis económica, pero en realidad muchos medios de la región aún no están convencidos del potencial que representan el periodismo de investigación y el PAC para competir con sus rivales.

Además, el uso de la investigación computarizada también implica algunos riesgos. Por ejemplo, algunos colegas se entusiasman con la información obtenida en internet o con los datos duros propios del análisis mediante hojas de cálculo y administradores de bases de datos, y se olvidan de lo básico, incluyendo la obligación de usar la información para escribir un reportaje interesante. Con frecuencia se publican notas que no son más que diez o doce párrafos áridos alrededor de varias tablas y gráficas, o reportajes fallidos que se desfallecen unas líneas abajo de la entrada.

Otro problema surge cuando quienes se inician en el PAC no tienen también una comprensión apropiada de los temas que cubren o carecen incluso de conocimientos básicas de estadística. La creciente facilidad de uso de los nuevos programas puede provocar que los reporteros inexpertos manipulen los datos de manera que arrojen conclusiones sesgadas o de plano incorrectas, mismas que pueden aparecer en el diario como "noticia". La computadora permite hacer miles de operaciones por segundo, pero también se presta a cometer miles de errores por segundo.

Sin embargo, éstos y otros problemas tenderán a disminuir a medida que los reporteros y, por supuesto, los lectores, sean más refinados y exigentes. A ello puede contribuir la expansión de una red de periodistas dedicados al PAC quienes, además de ampliar sus habilidades, estén dispuestos a compartirlas con colegas recién llegados a este campo.

Un incipiente cinismo

Un problema mucho más grave es que la denuncia insistente de corruptelas, malos manejos y otros delitos públicos, desde los administrativos hasta los electorales, puede provocar un sentimiento de hartazgo y cinismo en la sociedad si esas denuncias no dan lugar a investigaciones y remedios oficiales. Stephen Fidler, editor de El Tiempo de Bogotá, piensa que en los países en los que el aparato judicial no tiene la capacidad de juzgar a los corruptos, el efecto de las reiteradas denuncias de la prensa es "erosionar la confianza en las instituciones democráticas".

Como señala Joel Simon, encuestas recientes demuestran que en parte debido a las denuncias de corrupción la prensa es la institución latinoamericana que inspira mayor confianza entre el público, junto con la iglesia católica Sin embargo las encuestas también indican que las fuerzas armadas aparecen en los primeros tres lugares, lo que según John Virtue refleja cuán tenues son aún las raíces de la democracia en algunos países de la región.

Además, los medios de prensa pueden gozar del apoyo del público, añade John Virtue, pero no a través de varios estudios la Universidad de Florida determinó que el respeto no se extiende a los periodistas mismos, quienes son vistos por muchos como corruptos.

Más aún, periodistas como José Vicente Rangel consideran que la confianza que inspira la prensa no es motivo de orgullo, sino de alarma, ya que sugiere que otras instituciones de la democracia no están funcionando. La prensa, dice Rangel, se ha convertido en el investigador, el fiscal y el juez para llenar el vacío de poder, y ese es un papel muy peligroso.

A manera de conclusión personal, me parece que el periodismo, incluyendo el de investigación, no puede ser vanguardia de la transición democrática, sino que debe acompañar en ésta a la sociedad a medida que aumenta su capacidad de remedio y castigo a la injusticia y la corrupción.

O como dice Gustavo Gorriti11, los resultados de 12 ó 15 años de periodismo de investigación en América Latina no son malos: se han abierto tumbas donde estaba enterrada la verdad, como en Perú; han renunciado presidentes y se ha revelado la corrupción a los niveles más altos del gobierno, como en Argentina, Colombia y México; y se han descubierto narcodonaciones electorales.

Pero la corrupción en nada ha disminuido, la impunidad es la regla, y salvo una que otra excepción, ladrones y asesinos siguen en el poder. Y es que el periodismo de investigación tiene límites grandes además de los obstáculos intrínsecos mencionados anteriormente.

El periodismo de investigación sólo funciona cuando existe una masa crítica de tejido social e institucional sano. Si no, por claro y contundente que sea, se perderá en la oscuridad del miedo, el cinismo, la indiferencia...


Notes and References

  1. ¿QUIÉNES RESTRINGEN LA PRENSA?, Por Jairo E. Lanao, SIP.
  2. Los imperdonables: errar es humano, siempre y cuando no se investigue, Carlos A. Sortino, Sala de Prensa.
  3. Para ejemplos específicos en Guatemala y El Salvador, ver el texto de Marylene
  4. En México, por ejemplo, las pugnas al interior del otrora monolítico sistema político mexicano han dado lugar a un problema diferente: la proliferancia, quizás hasta el exceso, de filtraciones e información no atribuida. La virtual omerta que observaban antes nuestros funcionarios públicos ha sido una de las primeras bajas del antiguo régimen, y los noticiarios de prensa, radio y televisión están cada vez más llenos de información, tan jugosa como anónima. Tomemos como ejemplo el caso de Raúl Salinas, el hermano incómodo del anterior presidente, y quien se encuentra en una prisión de máxima seguridad acusado de numerosos delitos que van desde la defraudación fiscal hasta el asesinato político. Numerosos periodistas han cubierto el caso con eficiencia y responsabilidad, y han utilizado datos para profundizar sus investigaciones sobre las finanzas de la familia Salinas, las que podrían implicar incluso a importantes instituciones bancarias de Estados Unidos y de otros países. Pero en ocasiones nuestros periodistas no han sido tan rigurosos, y en su afán por presentar una primicia han cometido errores embarazosos. Hace pocas semanas, por ejemplo, las redacciones de por lo menos tres importantes diarios capitalinos recibieron un paquete de documentos, sin remitente. El sobre incluía fotocopias de fichas de depósito mediante las cuales el dueño de Televisión Azteca parecía haber depositado 170 millones de dólares en una oficina de Citibank en Nueva York. Ese empresario realizó anteriormente operaciones financieras con Raúl Salinas, y las fichas de depósito parecían comprometedoras. Dos de los diarios decidieron "guardar" la información hasta que sus reporteros pudieran confirmarla. El tercero, sin embargo, sabía que sus competidores también tenían esa información y no quiso arriesgarse a ser adelantados por ellos, por lo que la publicó al día siguiente como su noticia principal. A las pocas horas el propio Citibank desmintió de manera contundente la falsedad de las fichas, dando un duro golpe a la credibilidad de un diario que se ha caracterizado por su posición crítica respecto al gobierno.
  5. El propio Gerardo Reyes narra una anécdota significativa. Durante un taller de internet para periodistas centroamericano utilizó como ejemplo el sitio de la General Accounting Office, una dependencia que evalúa las actividades del Congreso de Estados Unidos. De pronto un participante saltó de su asiento, ya que navegando al azar había dado con datos sobre la ayuda militar de Estados Unidos a su país. Corrió entusiasmado al teléfono para notificar a su diario del hallazgo porque, según explicó, a nivel doméstico su gobierno aún oculta esa información por "razones de seguridad nacional".
  6. Ejemplo Cozumel; ese se desperdició un poco, pero al parecer los reporteros aprendieron la lección con el proyecto de Can Cun)
  7. Ver La pista del dinero, Sala de prensa y La Red.
  8. Casos de Tlaquepaque y agresiones a periodistas, de la Fundación Buendía.
  9. En ambos casos los reporteros obtuvieron la información de fuentes judiciales -en Venezuela fue relativamente fácil, en México fue una verdadera batalla- para después diseñar su base de datos, capturar la información y analizarla mediante la computadora. El reportaje de Público, por ejemplo, demostró por ejemplo que tan solo el 5% de los arrestos había sido resultado de la investigación policiaca. El resto de los sentenciados cayó en manos de la justicia debido a cateos al azar, delaciones o incluso accidentes de tráfico.
  10. Tomemos el ejemplo de México: en las controvertidas elecciones de 1988, los resultados de algunas casillas rurales tardaron varios días en llegar a la ciudad de México. Seis años después, en las elecciones de 1994, las autoridades electorales empezaron a subir a internet los conteos iniciales en la noche misma de las elecciones, y para la madrugada siguiente los reporteros mexicanos y extranjeros tenían resultados extraoficiales muy completos.
  11. Verdades tácticas y estratégicas, La Prensa de Panamá

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